Lo que dijo cuando se hizo ciudadano americano
En 2023, Abelardo De la Espriella se naturalizó como ciudadano estadounidense en Miami, donde había vivido más de una década, y lo celebró públicamente en Instagram. Sus palabras no eran las de alguien que adquiría un documento de viaje por conveniencia, sino las de alguien que encontraba en otro país lo que Colombia no le había podido dar: la tranquilidad que calificó de "esquiva" en su tierra natal. El New York Times, que cubrió su candidatura en profundidad, documentó que tras la naturalización "dijo que había encontrado la paz".
Ese mismo año, evitó mencionar esa ciudadanía en sus actos públicos en Colombia. Cuando la campaña arrancó en serio y el lema "¡Firme por la Patria!" empezó a llenar estadios, la ciudadanía americana había desaparecido del relato. No hubo banderas estadounidenses en los mítines, no hubo gorras de MAGA, no hubo mención a la década en Miami ni al proceso de naturalización.
Lo que prometió en las entrevistas sobre su relación con Colombia
En una entrevista con En Tribuna RCN, cuando le preguntaron por qué seguía viajando por el mundo mientras Colombia "estaba incendiada", De la Espriella respondió con un compromiso concreto: "Me comprometo con el país a no salir en 4 años de Colombia, y a despachar todas las semanas desde uno de los 32 departamentos." Y remató con una frase que parecía dirigida directamente a su propio pasado: "Italia no, Miami tampoco."
El problema es que "Italia no, Miami tampoco" lo dijo quien llevaba más de una década en Miami, quien se había naturalizado allá dos años antes, y quien, según el mismo reportaje del New York Times, había pasado de Miami a Florencia antes de regresar a Colombia a lanzar su candidatura. La frase funcionaba como promesa hacia adelante, pero al mismo tiempo era un espejo de la trayectoria que acababa de recorrer.
La línea de tiempo que la campaña nunca contó
La secuencia de decisiones entre 2023 y 2026 es reveladora porque cada paso parece calculado desde el siguiente: primero la ciudadanía americana en Miami, donde residía hace más de una década y donde gozaba de la tranquilidad que Colombia no le daba; luego el traslado a Florencia con su familia, que él atribuyó a que quería que sus hijos se conectaran con su ascendencia italiana, pero que el New York Times documentó como una etapa de preparación para la candidatura; y finalmente el regreso a Colombia, donde se despojó del abogado de Miami para convertirse en el candidato costeño con camiseta de fútbol. Ninguno de esos tres momentos fue mencionado de forma completa durante la campaña.
Lo que construyó en campaña y lo que evitó decir
La campaña de De la Espriella fue un ejercicio calculado de identidad nacional: se despojó del traje italiano y el sushi en jet privado que caracterizaban su vida en Miami para adoptar la camiseta de la selección colombiana, el sombrero de toquilla y el lenguaje del costeño orgulloso. Tomó prestada la bandera, se apropió del himno y construyó un relato de sacrificio patriótico, el abogado exitoso que lo dejaba todo para salvar a su país, que calaba especialmente entre quienes no conocían la otra versión.
Lo que la campaña omitió sistemáticamente es que ese mismo hombre había descrito a Colombia, con sus propias palabras, como el lugar donde la tranquilidad le era "esquiva", que había buscado esa tranquilidad en Estados Unidos, que se había convertido en ciudadano de ese país, y que había necesitado pasar por Florencia antes de sentirse listo para volver.
Lo que la Constitución resuelve y lo que no resuelve
El debate jurídico sobre si un ciudadano colombiano con doble nacionalidad puede ser presidente de la República está desarrollado en profundidad en este análisis previo de HuellaPublica, que aborda el artículo 197 de la Constitución y la jurisprudencia relacionada. Lo que la Constitución no resuelve, porque no es una pregunta jurídica sino una pregunta política, es cómo un presidente que describió a Colombia como el lugar donde no encontraba paz construye la legitimidad para gobernarla en nombre del patriotismo.
Lo que los hechos documentados sugieren sin terminar de decir
Cuando se ponen en orden los hechos conocidos, la contradicción entre el ciudadano americano de 2023 y el patriota de 2026 deja de ser solo una inconsistencia narrativa y empieza a tener otra forma. El mismo hombre que fue objeto de escrutinio por fiscales federales en Florida y Nueva York en relación con el caso Alex Saab, quien nunca fue imputado pero sí investigado según el New York Times, recibió el respaldo entusiasta de Donald Trump, fue felicitado por Marco Rubio el mismo día de su elección, y prometió integrar a Colombia en una coalición militar estadounidense contra los narcoterroristas. Las autoridades estadounidenses, además, detuvieron a un activista colombiano que se oponía a De la Espriella, argumentando que su activismo "interfería con los objetivos de la política exterior de Estados Unidos".
El ciudadano americano que en 2023 buscaba en Miami la paz que Colombia no le daba llegó a la presidencia de ese país perfectamente alineado con los intereses de seguridad de Estados Unidos: extradiciones masivas, coalición militar, ruptura con Venezuela, cooperación irrestricta con la DEA, abandono de la representación en la ONU. Si eso es convicción propia, coincidencia histórica, o el precio de una investigación federal que nunca llegó a imputación, es lo que ninguna declaración pública ha respondido todavía, y es la pregunta que el patriotismo de camiseta y ademanes militares no alcanzan a cubrir.