El 3 de agosto de 2026, cuatro días antes de la posesión presidencial, Patricia Cortés Ortiz, Directora de Europa de la Cancillería colombiana, firmó el memorando I-GECOE-26-011268 dirigido al Viceministro de Relaciones Exteriores, al Secretario General y al Director General del Protocolo. El asunto: "Participación de embajadas europeas no residentes en la ceremonia de transmisión del mando presidencial."
El documento no llegó al público por una filtración accidental. Llegó porque alguien dentro de la institucionalidad consideró que tenía que salir. RCN lo publicó el 5 de agosto como primicia. Ese detalle importa y volveremos a él.
Once países acreditados, cero invitaciones
El memorando documenta que los jefes de misión no residentes de Ucrania, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia y Armenia habían contactado directamente a la Cancillería — por escrito y por teléfono — preguntando si serían incluidos en la ceremonia. La respuesta oficial, hasta el momento de firmado el documento, era el silencio.
El listado completo de países sin invitación incluye once: Eslovenia, Eslovaquia, Armenia, Estonia, Georgia, Chipre, Malta, San Marino, Serbia, Croacia y Ucrania. Todos ellos, según el memorando, han presentado sus Cartas Credenciales ante el gobierno colombiano y se encuentran "debidamente acreditados." Tienen estatus diplomático pleno ante Colombia.
La justificación del equipo de De la Espriella fue presupuestal: la invitación se limitó a los países con embajada física residente en Colombia, no a las misiones concurrentes. Es un argumento que el propio documento de la Cancillería desmonta: el estatus de acreditación de un país no depende de si tiene sede física en Bogotá. Depende de si presentó credenciales, y estos once lo hicieron.
Rusia sí. Ucrania no.
Entre los once países excluidos está Ucrania. Entre los invitados está Rusia.
El memorando lo señala con precisión suficiente para que no quede duda del peso diplomático de esa asimetría. Colombia ha mantenido durante el gobierno Petro una posición de neutralidad ante la guerra en Ucrania — incómoda para algunos sectores, pero consistente en el lenguaje multilateral. Lo que ocurre el 7 de agosto no es neutralidad: es una lista de invitados que coloca a Moscú adentro y a Kiev afuera, en una ceremonia que será cubierta por medios de todo el mundo.
Eso no es un error de protocolo. Es el primer enunciado de política exterior del gobierno De la Espriella, emitido antes de jurar, sin declaración ni rueda de prensa.
Lo que está en juego para los colombianos de a pie
El memorando identifica un riesgo concreto que va más allá de las relaciones entre cancillerías. Varios de los once países excluidos son miembros de la Unión Europea con voto en las decisiones de política de visas del bloque. Colombia accedió al régimen de exención de visa Schengen en 2015. Esa exención no es permanente — requiere renovación periódica de la confianza política y diplomática con los estados miembros.
El documento advierte que la ausencia de invitación "revista especial relevancia en el caso de varios estados miembros de la Unión Europea, teniendo en cuenta su participación en procesos de decisiones de interés para la política exterior colombiana" — y cita explícitamente el régimen Schengen.
Dicho en términos directos: la decisión de no invitar a Estonia, Chipre, Malta, Eslovenia y Eslovaquia a la posesión presidencial podría costarle a los colombianos la libertad de viajar a Europa sin visa. No es una abstracción diplomática. Es algo que afecta a cualquier colombiano que quiera tomar un avión a Lisboa o Berlín.
El medio que tiene la exclusiva publicó la primicia más incómoda
Aquí está el nudo que ningún medio ha jalado.
RTVC — la televisión pública del Estado colombiano — fue explícitamente rechazada para cubrir la posesión presidencial del 7 de agosto. El gobierno entrante de De la Espriella eligió entregar esa cobertura en exclusiva a medios privados, entre ellos RCN. Es una decisión sin precedente en las transmisiones de posesiones presidenciales en Colombia, donde el canal público ha sido históricamente el operador logístico de la señal institucional.
RCN es el medio que cubrirá la ceremonia de mañana. RCN es también el medio que publicó el memorando de la Cancillería el 5 de agosto, dos días antes de la posesión, con 41 mil vistas en X en pocas horas.
Eso puede leerse de dos formas. La primera: que RCN tiene independencia editorial real y la ejerce incluso con un gobierno al que es ideológicamente afín. La segunda: que alguien dentro de la Cancillería — en la institucionalidad que sale o en la que entra — calculó que filtrarle el memo al medio más cercano al nuevo gobierno era la única forma de forzar una corrección antes de que fuera demasiado tarde.
En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: el gobierno De la Espriella llega al 7 de agosto sin controlar la narrativa de su propia posesión, expuesto por el medio al que le confió la historia de su llegada al poder.
Un gobierno que empieza gobernando su imagen — y ya la perdió
La exclusión de RTVC, la lista de invitados, la justificación presupuestal para una decisión con consecuencias geopolíticas: son tres decisiones tomadas antes de jurar que revelan una forma de entender el poder. El control de la comunicación como primer instinto. La lealtad mediática como sustituto del escrutinio público.
Lo que el memorando I-GECOE-26-011268 demuestra es que la institucionalidad colombiana — en este caso la Cancillería — documentó el problema, lo escaló y lo puso por escrito. El documento existe. La advertencia fue formal. Si el gobierno entrante decidió no corregir el rumbo, esa es ya una decisión política con consecuencias medibles: once embajadas sin invitación, una señal geopolítica sin declarar, y un régimen de visas que millones de colombianos dan por sentado que podría estar menos asegurado de lo que parece.
Mañana empieza el gobierno. El primer capítulo ya está escrito.