El 14 de mayo de 2026, a las 11:49 de la mañana, Iván Cepeda Castro publicó un comunicado formal. No era el primero: era la reiteración de uno que había publicado nueve días antes, el 5 de mayo, con 308.000 visualizaciones. En él condenaba "de manera categórica y enérgica cualquier clase de presiones al elector", incluyendo aquellas ejercidas supuestamente a su favor. Denunciaba también, en el punto 7, amenazas contra sus propios votantes en varias regiones del país.
Hora y media después, Paloma Valencia Laserna le respondió en X: "No se lave las manos, @IvanCepedaCast. Lo que usted hoy denuncia, ayer lo construyó."
Ese mismo día, entre la tarde y la noche, Claudia López y Sergio Fajardo amplificaron la misma narrativa. Al día siguiente, a las 10:58 de la mañana, Juan Daniel Oviedo lo hizo desde un evento de campaña de Valencia en Nariño. Y a las 6:20 de la mañana de ese mismo 15 de mayo, Álvaro Uribe Vélez publicó el tweet más contundente de todos.
Para ese momento, la Policía Nacional y el Ministerio de Defensa ya habían desmentido el audio que los cinco usaban como sustento.
El audio
Todo empezó con una grabación que circuló en medios el 14 de mayo, atribuida a alias Rogelio Benavides, supuestamente integrante de las disidencias de alias Calarcá, en la que una voz decía: "Ojalá gane el compañero Cepeda, porque ahí sí los vamos a apretar otros 4 años."
El mismo 14 de mayo, el director de la Policía Nacional, general William Rincón, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, establecieron la verdad del audio: la voz no pertenecía a ningún integrante de las estructuras de alias Calarcá. Era la de un extorsionista preso en el Centro Penitenciario de Picaleña, en el Tolima — alias Sergio — que se había hecho pasar por alias Rogelio Benavides para presionar a comerciantes y sectores productivos del Huila desde la cárcel. No tenía vínculo con las disidencias. Era delincuencia común usando el nombre de Cepeda y el contexto electoral como herramienta de extorsión.
Lo que el comunicado del ministro Sánchez precisó —y que cambia el encuadre de "investigaron rápido"— es que la investigación no se inició el 14 de mayo. El 28 de abril, dieciséis días antes de que el audio circulara, la Policía había realizado un allanamiento en el Patio 10 del complejo carcelario de Picaleña. Se incautó un equipo celular y libretas donde alias Sergio llevaba listas de presuntas víctimas de extorsión. El esquema operaba desde hacía aproximadamente tres meses. Alias Sergio ya era investigado por porte ilegal de armas y concierto para delinquir. Cuando Paloma Valencia publicó su video a la 1:21 pm del 14 de mayo, el expediente de alias Sergio llevaba más de dos semanas construido. La identificación del audio como fabricado no fue el resultado de una pesquisa urgente de ese día: fue la aplicación de documentación ya existente.
El audio era falso. Las autoridades competentes — no el gobierno, no la campaña de Cepeda, sino la Policía y el Ministerio de Defensa — lo establecieron con claridad antes de que terminara el día.
Los que hablaron antes de saber
Paloma Valencia — 1:21 pm y 1:39 pm, 14 de mayo
Paloma Valencia fue la primera candidata en reaccionar al audio con nombre y apellido. En un video publicado a la 1:21 de la tarde dijo: "Hoy amanecimos con unos audios donde las disidencias de las FARC están diciendo que hay que votar por el compañero Iván Cepeda (...) El plan es que los fusiles obliguen a los colombianos a votar por Iván Cepeda." Dieciocho minutos después respondió directamente el comunicado de Cepeda: "No se lave las manos. Lo que usted hoy denuncia, ayer lo construyó. La Paz Total no fue un error de cálculo: fue una decisión política."
Valencia no citó el comunicado del 5 de mayo de Cepeda, en el que el candidato condenaba las presiones armadas e incluía en esa condena las ejercidas supuestamente a su favor. Tampoco esperó la verificación de las autoridades. El audio era su prueba y lo trató como tal.
Claudia López — 5:49 pm, 14 de mayo
Tres horas después, Claudia López publicó un hilo extenso en X. "Cuando yo salgo a denunciar que hay proselitismo armado que viola las garantías electorales es porque tengo las pruebas en la mano", escribió. Esas pruebas eran el mismo audio que horas después la Policía clasificaría como fabricación de un extorsionista carcelario.
López, quien investigó y denunció la parapolítica durante años, preguntó: "¿Dónde quedó el Iván Cepeda que denunciaba a los bandidos?" La pregunta ignoraba que Cepeda llevaba nueve días con un comunicado formal denunciando exactamente las presiones que ella describía.
Sergio Fajardo — ~5:34 pm, 14 de mayo
En entrevista con La FM, Fajardo no acusó a Cepeda directamente — su ángulo fue cargarle la responsabilidad al presidente Petro: "El presidente que se queja tanto (...) pues más vale que haga una reflexión pronto y le diga al país qué es lo que está pasando." No verificó el audio. No esperó pronunciamiento de las autoridades. Usó el contexto como munición contra el gobierno sin atribuir nada explícitamente.
Juan Daniel Oviedo — 10:58 am, 15 de mayo
Oviedo declaró a la mañana siguiente ante los micrófonos de La FM, parado frente a material de campaña de Paloma Valencia en Nariño — su candidata, con quien hace fórmula vicepresidencial. Para ese momento el desmentido de la Policía llevaba más de doce horas circulando. Oviedo no lo mencionó. Habló del control territorial de grupos armados como realidad vigente que impedía votar libremente, en el mismo ciclo informativo en que el audio central de esa narrativa ya había sido desmontado.
Álvaro Uribe Vélez — 6:20 am, 15 de mayo
La declaración más contundente llegó la madrugada del 15 de mayo, cuando el expresidente publicó en X: "5 grupos armados imponen votar por Cepeda en la Guajira: Farc, ELN, Clan del Golfo, Pachenca, Tren de Aragua. Extorsión generalizada en Riohacha, Maicao, etc. Por la Seguridad Paloma Presidente."
A diferencia de los demás, Uribe no insinuó ni formuló preguntas. Afirmó como hecho verificado, con nombres de cinco organizaciones criminales y municipios concretos, sin citar fuente alguna. Lo publicó horas después de que la Policía ya había desmentido el audio. Y lo remató con el slogan de campaña de su candidata.
Lo que ninguno citó
El 5 de mayo de 2026, con 308.000 visualizaciones — once veces más alcance que el tweet de Uribe del 15 de mayo — Iván Cepeda había publicado un comunicado oficial de siete puntos en el que condenaba las presiones armadas sobre el electorado en cualquier dirección; rechazaba explícitamente cualquier interferencia a favor o en contra de su candidatura; denunciaba amenazas contra sus propios votantes en varias regiones; y anunciaba que haría pública esa información ante las autoridades competentes.
Ninguno de los cinco citó ese comunicado al momento de hacer sus declaraciones. Valencia lo ignoró cuando respondió el tweet del 14 de mayo. López preguntó dónde estaba el Cepeda que denunciaba bandidos, sin mencionar que ese mismo Cepeda llevaba nueve días con una denuncia formal en la mano.
La rueda de prensa
El 15 de mayo, cerca de las 3 de la tarde, Cepeda convocó una rueda de prensa desde Pasto. No lo hizo el 14, cuando el audio circulaba. Esperó el desmentido oficial. Llegó con los hechos verificados: el nombre del extorsionista, la cárcel, la filiación falsa, el método.
Luego enumeró la secuencia de acusaciones que había recibido desde marzo: la vinculación con el asesinato de Miguel Uribe Turbay, la supuesta alianza con la Segunda Marquetalia, las presiones en Medellín, el audio de Calarcá. Nombró responsables: Álvaro Uribe, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella. Anunció denuncia ante la Fiscalía. Y pidió rectificación pública a los medios que publicaron el audio como real, incluyendo a Claudia López, Sergio Fajardo y Juan Daniel Oviedo.
El patrón
Lo que ocurrió entre el 14 y el 15 de mayo no fue un malentendido colectivo. Fue la activación coordinada — aunque no necesariamente concertada — de una narrativa que venía construyéndose desde marzo de 2026: la vinculación de Iván Cepeda con grupos armados mediante acusaciones que nunca llegan a la justicia con pruebas, pero que circulan con suficiente volumen para instalar una duda en la opinión pública.
El audio de Picaleña fue el episodio más visible de esa construcción. Y su rapidísimo desmentido — menos de 24 horas — dejó al descubierto algo que el ciclo noticioso habitual tiende a enterrar: que varios de quienes lo usaron lo sabían frágil, lo usaron de todas formas, y ninguno rectificó con la misma contundencia con que acusó.
A 16 días de las elecciones del 31 de mayo, esa asimetría es parte del registro público.