Dos entrevistas, tres hechos, una disculpa que duró menos de 24 horas.
El 6 de mayo de 2026, Abelardo De la Espriella fue entrevistado en el programa Piso 8 FM. El 12 de mayo volvió a las cámaras, esta vez en la sala de redacción de Noticias Caracol. Entre las dos emisiones quedaron documentados en video tres episodios que definen algo más que un estilo de campaña: definen un patrón de conducta hacia las mujeres periodistas, hacia las comunidades étnicas del país y hacia la libertad de prensa como institución.
En ambos casos, los equipos periodísticos presentes terminaron entre risas. Ninguno detuvo la emisión para preguntar qué había ocurrido. Eso también es parte del registro.
Hecho 1 — Piso 8 FM, 6 de mayo de 2026: el acoso en vivo
El video de la entrevista fue emitido en directo el 6 de mayo y acumula más de 144.000 visualizaciones. El episodio que desencadenaría la controversia ocurre en los minutos 19:24 al 21:24 de la grabación.
El contexto importa. Antes de que De la Espriella tomara el celular de la periodista Laura Rodríguez, el propio presentador del programa había marcado el tono con una broma ante la audiencia: "Literalmente pasamos de hablar de la teta del Estado al culo de Abelardo. ¿En qué momento? Dios mío." (min. 19:10). El programa había bajado su propia guardia antes de que comenzara el episodio.
A los 19:32, De la Espriella introduce la fotografía con la frase: "Con esa foto me gané unos votos bien bacanos del electorado femenino." Acto seguido pide prestado el celular de Laura Rodríguez e insiste en que ella observe la imagen. La transcripción exacta:
"¿Qué ves aquí? ¿Qué ves aquí, cariño? Ven. Acércala y dime qué ves ahí." (min. 19:54)
"Acércala, acércala. Hazle zoom. Hazle zoom." (min. 20:08)
"No, mi amor, pero ¿qué más ves?" (min. 20:16)
El propio equipo del programa resolvió el episodio con la aclaración (min. 20:31): "la silicona se la puso en otro lado", confirmando que la imagen hacía referencia a la anatomía genital del candidato. Segundos después, las notificaciones del celular —un mensaje de Paloma Valencia— sirvieron de pivote para cambiar de tema. A los 21:24, el presentador cerró el episodio con un guiño a la audiencia: "Ya ustedes juzgarán de qué hablaba Abelardo. Eh, como costeño." El programa continuó.
Nadie preguntó qué acababa de ocurrir. Nadie pausó la entrevista. El episodio se disolvió en humor y se archivó como anécdota de campaña.
Hecho 2 — Noticias Caracol, 12 de mayo de 2026: la discriminación racial y el insulto a Malú
Seis días después, De la Espriella fue entrevistado en la sala de redacción de Noticias Caracol. El primer momento crítico ocurre en el minuto 31:34, en plena respuesta sobre el manejo de protestas violentas:
"...vas a ver lo duro que muerde el tigre. Y no como de indio, no como de negro, no como de blanco, no como de nada. El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y a la fuerza pública, le voy a caer con mano de hierro."
La frase usa las categorías raciales y étnicas "negro" e "indio" como marcadores de descalificación social. El contexto —una amenaza de mano dura contra la protesta violenta— no atenúa el contenido discriminatorio: lo amplifica. El candidato que aspira a representar a todos los colombianos, incluyendo comunidades afrocolombianas y pueblos indígenas, emplea sus identidades como sinónimo de una forma de actuar que él promete erradicar.
¿Qué ocurrió en el set de Caracol tras esa declaración? A los 31:56, la periodista que moderaba retomó la palabra con la siguiente pregunta: "¿Qué va a pasar con esa gente?" La entrevista continuó sin interrupción. Nadie en esa sala de redacción pidió al candidato que explicara la frase racial.
El segundo episodio ocurrió a los 36:34, cuando la periodista Malú Fernández preguntó por una frase histórica del candidato en la que separaba la ética del derecho. La respuesta de De la Espriella:
"Tú no entiendes la diferencia porque tú no tienes formación en derecho y tampoco en filosofía del derecho." (min. 36:34)
"Lo que pasa es que la ignorancia es atrevida y perdóname, te lo digo con total claridad." (min. 37:12)
La periodista ejercía el rol elemental del periodismo de campaña: preguntar por las ideas que un aspirante al poder ha expresado públicamente. La respuesta institucional del canal fue la de uno de los moderadores: "para qué pelea con los periodistas" (min. 37:04) — no una defensa de la periodista, sino una solicitud de desescalada para proteger la dinámica del programa.
El momento más revelador de las dos entrevistas llega a los 38:06. De la Espriella, aún sentado en la sala de redacción de Caracol, ofrece este razonamiento:
"Los supuestos acosos en Caracol. Hay que ver si eso trascendió la barrera de la ilegalidad o se quedó en la inmoralidad."
Con esa frase, el candidato usó su doctrina filosófica —que ética y derecho son categorías separadas— para sugerir ante las cámaras del propio canal que su conducta con Laura Rodríguez quizás no había cruzado la barrera de la ilegalidad. La sala de redacción recibió la declaración en silencio. La entrevista continuó.
La disculpa — y lo que duró
El 11 de mayo, cinco días después del episodio en Piso 8, la periodista Sandra Lu publicó en X una valoración del episodio: "Estuvo feito, pero no hay que sacarlo de contexto, que era el de un programa de humor en el que le estaban poniendo esos temas. Pienso que igual se equivocó, pero también que su vida personal habla más de él que un comentario desafortunado."
Laura Rodríguez respondió directamente: "Y no fue un simple comentario desafortunado. Fue un irrespeto total hacia mí y hacia mi trabajo. Me sentí vulnerada, acosada y asqueada."
La declaración de la víctima obligó a De la Espriella a responder. El 13 de mayo a las 6:40 de la mañana publicó en X sus disculpas: "Entiendo que, aunque no haya existido intención de mi parte de ofender y mucho menos de irrespetar, si una mujer se siente incómoda, un caballero tiene la obligación moral de ofrecer disculpas (...) Mis sinceras disculpas, Laura. Lo lamento."
La disculpa tiene una estructura reveladora: tres párrafos explicando el contexto humorístico del episodio, uno solo con el "lo lamento" al final. Y la frase central no reconoce el acto — condiciona la disculpa a la incomodidad de ella: "si una mujer se siente incómoda." No es "me equivoqué". Es "lamento que te hayas sentido así."
La disculpa acumuló 1,5 millones de visualizaciones. Fue el tweet más visto de todo el episodio.
Duró menos de 24 horas.
El mismo 12 de mayo, antes de que De la Espriella publicara sus disculpas, el candidato presidencial Iván Cepeda había salido ante los medios a referirse al episodio: "Expresar mi solidaridad con todas las mujeres que se dedican al periodismo. Cualquier trato denigrante, insultante, que apele a cualquier forma de violencia contra las mujeres, en mi cuenta con un frontal rechazo. Esta mañana vimos una declaración que fue francamente una afrenta a las mujeres de un espacio noticioso. Hay que derrotar el patriarcado en la sociedad colombiana."
La respuesta de De la Espriella a Cepeda llegó al día siguiente, el 13 de mayo, en el mismo mensaje donde publicaba sus disculpas a Laura Rodríguez — o en uno inmediatamente posterior:
"Tú, Cepeda, lo que has hecho es defender a las FARC. ¿Qué has hecho con las miles de mujeres abusadas sexualmente por los criminales que defiendes y que te apoyan? (...) No vengas a sacar provecho electoral de las encerronas de los políticamente correctos cuando tu conciencia y tu carrera política están manchadas de sangre."
En menos de 24 horas, la disculpa a Laura Rodríguez había dado paso a una acusación sin prueba contra quien la respaldó. El candidato que se había comprometido a disculparse encontró en el ataque político una salida más útil que sostener el arrepentimiento.
Hecho 3 — El historial documentado: 109 demandas contra periodistas
Estos episodios no ocurrieron en el vacío. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) documentó que entre 2008 y 2019, De la Espriella presentó más de 109 denuncias penales por injuria y calumnia contra periodistas y medios de comunicación. La Fiscalía entregó este dato ante una tutela de la FLIP; la Corte Constitucional lo estudió en la sentencia T-452 de 2022.
El patrón es lo que la prensa internacional denomina SLAPP (Strategic Lawsuit Against Public Participation): el objetivo no es obtener condenas, sino generar costos procesales que induzcan autocensura. La investigación de Vorágine documentó la mecánica con precisión: los procesos duran entre dos y cuatro años, tiempo suficiente para que un medio sin recursos legales propios decida no volver a cubrir al litigante.
Entre los periodistas demandados: Ignacio Gómez, Guillermo Gómez, Cecilia Orozco, Daniel Coronell, Camilo Poveda, Camila Zuluaga y Julio César González "Matador". La mayoría de los procesos terminaron archivados. Las condenas no eran el producto final de la estrategia. El agotamiento sí.
Lo que cubrieron — y lo que no
Los dos episodios de mayo se viralizaron simultáneamente a partir del 12 de mayo. La cobertura mediática existió. Infobae Colombia publicó más de diez notas en 48 horas. El Colombiano dedicó titulares directos a la experiencia de Laura Rodríguez y fue el único medio corporativo grande que trató la declaración racial como tema con identidad propia. La Silla Vacía publicó el análisis más sistemático: "El machismo de Abelardo De la Espriella en seis episodios", de su directora Juanita León — el único trabajo que conectó los hechos recientes con el historial de quince años. El Espectador abordó el tema con perspectiva de género explícita en su sección "Las Igualadas".
Pero hay tres ausencias que importan:
RCN no publicó ninguna nota textual verificable sobre los episodios del 12 y 13 de mayo.
Semana publicó una nota donde el término elegido fue "polémico episodio", con más espacio dedicado a la narrativa del candidato que a la declaración de la víctima. La directora Vicky Dávila expresó solidaridad con Malú Fernández en sus redes personales. La revista institucional no publicó editorial equivalente.
El Tiempo tituló su cobertura: "Las salidas en falso de los candidatos a tres semanas de las elecciones." El acoso documentado en video, la discriminación racial y el insulto a una periodista quedaron en el mismo contenedor que cualquier traspié menor de campaña.
Las frases racistas no recibieron nota propia en la mayoría de los medios corporativos. Solo El Colombiano las trató como tema autónomo.
Por qué es cálculo, no descuido
Lo que ocurrió en los sets de Piso 8 y Caracol no fue excepcional: fue representativo. Los equipos periodísticos de ambos programas normalizaron los episodios en tiempo real — con humor en Piso 8, con silencio en Caracol — y continuaron la emisión. La diferencia de temperatura editorial entre estos episodios y la cobertura que los mismos medios aplican a controversias del presidente Petro no se explica por diferencias en la gravedad de los hechos. Se explica por factores estructurales:
Alineación editorial. Semana, RCN y El Tiempo adoptaron durante el gobierno Petro una postura sistemáticamente crítica al ejecutivo. De la Espriella es ideológicamente afín a esa franja. El umbral de lo "condenable" no es universal: varía según quién protagoniza el episodio.
El encuadre del poder. Cuando Petro ofende a periodistas, los medios lo enmarcan como abuso de autoridad institucional. Cuando De la Espriella hace lo mismo, es "temperamento explosivo" o "estilo de campaña". El encuadre rebaja sistemáticamente la gravedad del candidato que coincide con la línea editorial.
Miedo al litigio. Con 109 denuncias en el historial, los editores saben que escribir "acoso" en lugar de "polémica" tiene un costo legal real y predecible. Esto es exactamente el efecto secundario que la FLIP describe como el más letal de la litigación masiva: no necesita condenas para funcionar. Le basta con ser posible.
Caracol operó con restricción estructural. El episodio con Malú ocurrió en el propio set del canal. No se emitió comunicado institucional de solidaridad con su periodista. Cuando De la Espriella aludió a "los supuestos acosos en Caracol" y usó la distinción ética/derecho para minimizarlos, el canal guardó silencio.
Episodio vs. patrón. Solo La Silla Vacía y El Espectador conectaron los hechos del 6 y 12 de mayo con el historial de quince años. Los medios corporativos trataron cada episodio como accidente aislado. Con Petro, el patrón siempre se invoca como prueba de carácter. Con De la Espriella, se invisibiliza.
El umbral racial diferenciado. Que un candidato presidencial use "negro" e "indio" como atributos de inferioridad ante las cámaras de un noticiero nacional habría generado una crisis de portada en cualquier sala de redacción con estándares editoriales consistentes. En Colombia, la discriminación contra comunidades afrodescendientes e indígenas tiene un umbral de escándalo mediático sensiblemente más alto.
La pregunta que los medios no hacen
La Corte Constitucional tardó nueve meses en resolver el caso de Petro y las "muñecas de la mafia" — una frase, en un discurso, sin acoso sexual documentado en video ni clasificación racial de ciudadanos. La cobertura de ese episodio fue más sostenida y más condenatoria que la de tres episodios documentados en audio y video en menos de una semana.
Esa asimetría no es un fallo periodístico menor. Es la demostración práctica de lo que los 109 procesos judiciales lograron: que los mismos medios que exigen rendición de cuentas al presidente elegido aplican criterios distintos cuando el sujeto tiene recursos para litigar, influencia editorial acumulada durante décadas y coincidencia ideológica con sus propietarios.
La pregunta que ningún medio corporativo formuló con la contundencia que el hecho merece es la más simple: ¿Puede un candidato que ha intimidado judicialmente a más de 109 periodistas garantizar libertad de prensa si llega a ser presidente de Colombia?